Hay un sí que nace del deseo de aportar. Y hay otro que aparece antes de revisar si tienes tiempo, energía o disposición. Desde fuera pueden parecer iguales. En tu vida, el costo puede ser muy distinto.
Piensa en una invitación reciente. Tal vez te gustaba la idea, pero sabías que aceptar significaba desplazar un compromiso contigo. ¿Qué ocurrió en ese instante? ¿Miedo a quedar mal? ¿Necesidad de demostrar que siempre estás disponible?
Reconocerlo te ayuda a dar una respuesta que puedas sostener. Tu palabra también necesita espacio en tu agenda.
Antes de responder, haz esta pausa.
- Mira la realidad. ¿Qué tiempo y energía exige lo que te están pidiendo?
- Revisa lo que ya elegiste. ¿Qué tendrías que desplazar para aceptar?
- Observa tu motivo. ¿Lo quieres hacer o temes lo que pensarán si no lo haces?
- Elige una respuesta posible. Puedes aceptar, proponer otro momento o decir que ahora necesitas enfocarte en tus prioridades.
Puedes empezar con una frase sencilla: «Gracias por pensar en mí. En este momento necesito enfocarme en mis prioridades».
¿Qué compromiso contigo está esperando el mismo respeto que das a los compromisos con otros?